Oye.

 

Es sólo el principio de la historia …

Las prisas, el calor, el desconcierto …

Y entonces sus dedos rozaron mi cuello.

Fue una fracción de segundos, mi cabello al costado ,

y la cremallera en la espalda bajando sin permiso.

Sentí tu olor, olor sólo a ti.

Jamás te había visto.

Y deseé conocerte de esa ambigua manera,

que permitiera  locuras en mi presente.

Escuché tu voz.

Rotunda y sin intermedios.

Y ahí sentí tu tacto en mi piel.

Evitando un desnudo inesperado.

Así supe que deberías ser siempre la caricia admitida.

Hasta entonces el hombre sin nombre.

Y que debía quitar corazas.

Permitiendo a tus dedos recorrer algo más que mi espalda.

 

 

 

 

IMG_9970.JPEG

 

 

 

 

Y es que arrasas o pasas.

 

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