Daños colaterales.

 

Son reales.

Palpables.

Nos acompañan casi a cada instante.

En los pasos titubeantes que damos siendo bebés, en los pasos de gigante que al parecer damos en la adolescencia, en los pasos en falso que damos siendo adultos y en los pasos casi inexistentes que se dan en la vejez.

Los daños colaterales no tienen color propio , ni olor , ni sabor.

Más bien colorean en ocasiones sin necesidad , impregnando un olor incómodo que nos acaba dejando un mal sabor.

O no …

Nuestros actos marcan todos esos pasos que debemos dar, con libertad para equivocarnos, cambiar de dirección o simplemente permanecer quiet@.

En ocasiones apechugamos con consecuencias ajenas que nos hacen ver todo desde un prisma extraño.

En otras , no asumimos que estábamos en el lugar incorrecto, que decidimos mirar para otro lado …

Existen censuras por todas partes, cohibiendo de una incómoda manera nuestra manera de resurgir y expresarnos.

Intentar pasar x la vida , como si esta no fuera a darse cuenta es una gran osadía.

Vivirla sin remordimientos, sin lagrimas, sin preguntas o sin excusas…

Sin risas extenuantes, segundos desconcertantes ,  recuerdos borrosos o reinventándonos…

Sería imperdonable. 

 

 

 

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Y es que arrasas o pasas.

 

 

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